La Seducción y El Impacto de la    Imagen como Instrumento de                            Poder.

¿ Una cultura dirigida y enfocada a la manipulación?

  
    Según Jesús Mª Usúnariz Garayoa, desde comienzos del s. XVII la mayoría de las monarquías europeas, y por tanto, la española, pasan a considerar entre sus objetivos fundamentales la formulación de un arte oficial, estrechamente controlado y dirigido. El arte pretenderá impresionar por encima de todo, y ahí jugará un papel fundamental la influencia del catolicismo, que participará en la configuración de un universo mental en el hombre del s. XVII.
   La Iglesia católica puso toda la capacidad persuasiva de las palabras y las imágenes de acuerdo con una teoría cuyos principios fundamentales habían sido formados en el Concilio de Trento:

    "La naturaleza humana está hecha de tal modo que difícilmente  llega a la contemplación de las cosas divinas sin ayuda exterior. Por eso ha instaurado la Iglesia ceremonias como las iluminaciones, los decorados y otras cosas semejantes, para subrayas la majestad de las misma y para inicitar, por estos signos exteriores de fervor y de adoración, a la contemplación de los símbolos sagrados que allí se nos presentan".

   
   La sociedad española de entonces vivía vigilada bajo la atenta mirada de la Iglesia católica, ahora en tiempos de la Contrarreforma, que disponía de poderosos medios de control no sólo de las conciencias, sino también de cualquier detalle de las formas de vida, atenta a todo lo que pudiera salirse, aunque fuese mínimamente, de la más pura ortodoxia.
   
    Será la Iglesia católica la institución por la que se puede explicar el casi inaudito despliegue de las formas arquitectónicas barrocas en la España de entonces, hasta tal punto que tal vez pueda afirmarse que no hay un solo lugar en España que no conserve un templo barroco, sea éste una catedral, una iglesia, una capilla, o una ermita. Porque esa es, precisamente, la característica esencial de la arquitectura barroca española: el completo predominio de las construcciones de carácter religioso, hasta hacer de éste un país de iglesias y conventos.
  
   
    Para centrarnos en el impacto de la imagen, elegiremos una obra que claramente suscita el problema de la salvación y plantea una reflexión sobre la brevedad de la vida y el triunfo de la muerte, Jeroglíficos de nuestras postrimerías, de Juan de Valdés Leal.  En ella, la mano de la justicia divina pesa las buenas y malas obras que en la tierra se han realizado, comparable al mensaje del Cristo en Majestad,  que se presenta como Dios-juez de las acciones humanas.
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'In ictu oculi' (1672).
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'Finis gloria mundi' (1672).