La Seducción y El Impacto de la    Imagen como Instrumento de                            Poder.

¿Adoctrinamiento visual?

     En el medievo occidental, la Iglesia y el Cristianismo, van a ser los mecenas del arte, y lo van a realizar como un conjunto de símbolos y formas para llevar al fiel a darse cuenta que esta ante algo sobrenatural.
    El arte estará compuesto de  signos que se convierten en estímulos frente a un espectador que difícilmente subsiste. La gran mayoría de la gente vivía en lo que actualmente entendemos como pobreza extrema: apenas con los mínimos recursos para sobrevivir y con la muerte como una realidad cotidiana.
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    El carácter eminentemente sacro del arte románico proviene del monopolio casi exclusivo de la Iglesia sobre la cultura de la Alta Edad Media. Esto unido  al terror del año mil, que coincide con un período de calamidades, hambres y enfermedades, provoca el nacimiento de expresiones colectivas de fe, lo que explica la preferencia del tema del Juicio Final en los pórticos de las iglesias y la abundancia de monstruos y visiones infernales.
  
    La Iglesia, a diferencia de la aristocracia pero apoyada por ésta, presenta una unidad ideólogica y organizativa que queda plasmada en el arte de la época. Puede decirse que uno de los objetivos de la pintura y la escultura románicas era contar la religión a través de las imágenes, en un mundo de campesinos analfabetos, pero dispuestos a creer las "verdades"que la Iglesia cristiana les enseñaba. Ese es el sentido último de la escultura y la pintura románicas: servir de adoctrinamiento visual, empleando la imagen al servicio de la religión. Por ello, encontraremos esas imágenes en las portadas de las iglesias y catedrales, de manera que los fieles puedan cotemplarlas ya antes de entrar en el templo: Los temas más repetidos en los tímpanos serán la figura del Pantócrator o Dios Todopoderoso y escenas del Juicio Final, unos relieves que mostrarán, por lo general, que Jesucristo ha de volver una segunda vez a la tierra y que lo hará para juzgar a los vivos y a los muertos. Tal es el sentido del Pantocrátor o Cristo juez que encontramos en muchos de los tímpanos románicos. Un modelo semejante se desarrollará también en los ábsides, espacios que cierran el presbiterio y hacia donde se dirigen las miradas de los fieles durante las ceremonias religiosas, aunque aquí se recurrirá habitualmente a la representación pictórica.
    Pero el románico aprovecha otros soportes y otros espacios para difundir la doctrina, ya sean los capiteles de las columnas, los propios muros de las iglesias o las paredes de los claustros monásticos. Igualmente, en ocasiones, se recurre a la escultura en bulto redondo con las mismas finalidades.Buena muestra de ello puede ser:

"El pórtico de la Gloria"

Obra del maestro Mateo, Catedral de Santiago de Compostela, Orense, Galicia.

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    Podemos observar en el Pórtico como aparece sentado en el centro del tímpano en un trono el mismo Cristo en Majestad, que vendrá a juzgar a todos los hombres en el fin de los días, como dice el libro del Apocalipsis, en el que al parecer el maestro Mateo  se isnpiró.
    En el arco de la puerta izquierda se representan escenas del Antiguo Testamento, con los justos que aguardan la llegada del Salvador.
  
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    La salvación de las almas, está dividida en tres partes: en el centro aparecen representados San Miguel y Cristo y a cada lado de ellos el infierno (donde aparecen  representados demonios de todo tipo que arrastran y torturan las almas de los condenados) y el cielo con los elegidos donde se representan figuras de ángeles con niños (almas salvadas). En un lado aparece representado el purgatorio. Su iconografía se basa en el Apocalipsis de San Juan.



"Pantocrátor"

Ábside de Sant Climent de Taül, en el municipio de valle de Boíprovincia de LéridaEspaña.

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    Representa la Maiestas Domini o Cristo en Majestad: Jesús todopoderoso en actitud de bendecir al mundo (que se halla a sus pies) pero cuyo rostro (serio y sereno al mismo tiempo) denota también la concepción de Dios-juez de las obras humanas. Como las letras griegas acreditan, él es principio y fin de todas las cosas; la luz del mundo, en definitiva, según reza la frase en latín. Debe, por tanto, el hombre seguir este mensaje divino, que le garantiza su salvación eterna.

   
  

  

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    Por otra parte, la disposición del conjunto pictórico en dos franjas horizontales viene a simbolizar la presencia de dos ámbitos paralelos: en el superior se representa el Cielo, en torno a Cristo; en el inferior se nos muestra a la Iglesia, mediante las figuras de María y los apóstoles.